Santa Misa
LIBRETO | SANTA MISA DOMINGO DE RAMOS
ENTRADA AL LUGAR DESIGNADO
BENDICIÓN
PROCLAMACIÓN DEL EVANGELIO
ENTRADA
Alaben al Señor todas las naciones, glorifíquenlo todos los pueblos” (Sal 86).
Con estas palabras del salmista se abre hoy nuestra celebración, y no es casualidad. La Iglesia entera es convocada a la alabanza porque Dios sigue obrando en medio de su pueblo. Hoy, en esta parroquia, esa alabanza se hace concreta al contemplar cómo el Señor continúa guiando a su Iglesia por medio de sus pastores.
La primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles, nos presenta a una Iglesia en salida, una Iglesia viva, que crece, que anuncia, que forma comunidad. En Antioquía, los discípulos fueron llamados cristianos por primera vez. ¿Por qué? Porque su vida reflejaba a Cristo. Porque había en ellos algo distinto, algo que no provenía de sí mismos, sino del Espíritu Santo.
Esa misma misión continúa hoy. Y en este contexto, el Padre Víctor Manuel es enviado a esta comunidad, no como un simple administrador, sino como un pastor que ha de hacer visible a Cristo en medio de ustedes.
El Evangelio que hemos escuchado, de Evangelio según San Juan, nos sitúa en una de las revelaciones más profundas de Jesús: Él es el Buen Pastor. Dice el Señor: “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen”. Aquí encontramos el corazón del ministerio sacerdotal.
Querido Padre Víctor Manuel:
Hoy eres constituido pastor de esta comunidad. Tu misión será, ante todo, escuchar la voz de Cristo para poder transmitirla fielmente. No se trata de hablar por cuenta propia, sino de ser eco de la voz del Buen Pastor. Y también estás llamado a conocer a tus ovejas: no de manera superficial, sino con cercanía, con caridad, con entrega real.
Cristo no promete un camino fácil, pero sí promete algo infinito: “Yo les doy la vida eterna, y no perecerán jamás”. Esa es la meta de tu ministerio: conducir a este pueblo a la vida eterna.
A ustedes, queridos fieles:
El Evangelio también les habla directamente. Ser ovejas del Señor no es una actitud pasiva. Implica escuchar, seguir, confiar. Reciban a su nuevo párroco como quien ha sido enviado por Cristo. Oren por él, sosténganlo, caminen con él. Una parroquia florece cuando hay comunión entre el pastor y su pueblo.
Hoy, bajo el patrocinio de San Juan Diego Cuauhtlatoatzin, recordamos que Dios se revela a los sencillos. Que esta comunidad, como San Juan Diego, sepa decir siempre: “¿No estoy yo aquí que soy tu madre?”, confiando plenamente en la presencia de Dios y en su providencia.
Que esta nueva etapa sea un tiempo de gracia, de renovación y de fidelidad. Que aquí se viva una fe auténtica, que se anuncie con valentía el Evangelio y que Cristo sea verdaderamente el centro de todo.
Y que Santa María de Guadalupe acompañe siempre a este pueblo y a su nuevo pastor.